Doy comienzo con estas palabras que llegan espontáneamente a mi mente, ya que no me guía la razón, sino la verdad que tengo dentro de mí, que lejos de ser un saber intelectual, es puramente humano. Entonces, qué mejor que expresarlo así, con palabras que acuden a mí de una forma inexplicable, casi sintiendo que mi mano y la lapicera son más bien un medio, el medio por el cual digo lo que siento, así como el colectivo es el medio que nos lleva a otro lugar, lugar que sería nuestro fin.
¿Qué motivos guían este escrito? Ni yo lo sé, el lector sacará sus propias conclusiones. Quizá se resuman en “la persona que escribió esto no está hablando de nada”, pero eso no es cierto. Las palabras simplemente me ayudan a decir algo más. En sí mismas son vacías, sólo tienen un sentido en el momento en que uno dice algo más que palabras, a saber, el saber de la persona que habla y dice, la sabiduría propia, lo que uno es. Ese es el fin, por ejemplo, de cualquier obra de arte, intentan decir algo, comunicar algo, canalizar algo. Y al mismo tiempo lo encubren por así decirlo, de manera tal que quien aprecie dicha obra se rebane los sesos un poquito tratando de comprender su significado. Vale aclarar, igualmente, que nunca vamos a entender del todo lo que el otro quiso decir, y gracias a Dios. Le vamos a dar una interpretación propia, un valor simbólico personal, ¿sino cuál sería el chiste? Si no nos deja algo en qué pensar, sería como memorizar una guía telefónica, como estudiar de memoria. El arte contemporáneo creo (y sólo lo creo, porque estoy metiendo las narices en algo de lo que no estoy muy informado) que trata justamente de rescatar la dialéctica necesaria que tiene que existir entre el artista y el espectador; el artista querrá comunicar algo, el espectador pondrá en juego sus subjetividad, su persona. El arte sugiere. Recuerdo que hace un tiempo leí algo de poesía surrealista, y trataba de entender acabadamente lo que el autor quería decir, algo imposible, no me rescataba de que también tenía que ponerle mi sello a eso que leía.
Entonces yo puedo escribir palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras y más palabras, y más palabras, y más palabras. Bueno, enough. Pero se entiende, en el sin sentido siempre hay un sentido, las personas no obramos por casualidad, siempre hay una causa que nos lleva a actuar. Tengo que admitir entonces que cuando empecé a escribir esto, había y hay un motivo que lo voy descubriendo a medida de que lo voy escribiendo, y junto con el lector que lo está leyendo, y espero, disfrutando (;-D). Puedo decir que escribo para decir (comedor, estación de servicio, nihilismo, subversión) algo más que lo que estoy escribiendo, algo más que estas simples palabras, ¿no es cierto? Quizá quiera liberar la mente un rato, pero esas son excusas, aunque debo admitir que la cabeza se libera realmente, de otra forma muchas veces los pensamientos quedan estancados y rebalsan en el cerebro, provocando cortocircuitos cuya calidad queda en manos de la gravedad de los pensamientos que aturden (o no) a nuestra cabecita en ese preciso/s instante/s. La acumulación extrema no es buena, claro que no, la introversión de mucho no sirve porque no permite la comunicación buena, más que buena, la comunicación sana, si es que lo sano existe.
Finalmente les digo, lallalalalala, soné maga petisa, dale pala a la pelada si te paga menos, a mercedes se de crema. Y me despido, con la sensación de que algo me faltó decir, pero dado el caso, el lector pondrá lo necesario para llenar ese vacío. Además, lo que falta decir, lo que no está dicho en palabras, entre líneas se lo encuentra.
Latinoamérica
Hace 13 años

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